martes, 17 de junio de 2014

UN VIAJE SIN RETORNO

El destartalado auto color gris  de Bonifacio Buendía, contrasta con los lujosos y modernos autos de la capital. Buendía  un  carretero que trabajaba junto a la estación del ferrocarril de su pueblo transportando cuanta mercancía podía meter en  su  carcacha vieja de metal que media  no  más de dos metros de ancho por tres de largo, con ruedas desgastadas que antes pertenecían a una elegante auto de algún comerciante que  dio como parte de pago por transportar quien sabe que mercancía.  Buendía  había llegado alrededor  de los 80, de su ciudad natal una que no precisa mencionar ya sea por su lejanía o por el peso de los años que lo acongojaban. Lo poco que se sabía era que venía de una tierra de praderas  verdes,  extensas en donde su familia poseía una pequeña hacienda donde no había más de 4 vacas 5 pollos un cerdo y un caballo este último siendo el regalo de cumpleaños número 18 de Buendía  esto, afirmaban sus amigos .
La vida de Buendía  no era masque su trabajo, salía todas las mañanas de su casa en su destartalo auto hacia la estación del tren a donde llegaban los comerciantes con su mercancía que traían de todos lados alimentos, electrodomésticos, telas, artesanías etc. Ganaba lo suficiente para poder sostenerse diariamente sin lujos, nunca le sobra el dinero  al contrario, muchas veces tenía que rebuscarse la comida porque a veces a la estación no llegaban los trenes ya sea por inconvenientes climáticos o algún que otro paro.
 Atraído por las historias de abundancia, plasmadas en las cartas de la hermana de su tía abuela,  Fortunata  viuda de un reconocido médico quien antes de su muerte le dejo heredada  una casona, la cual pasaría tiempo después a ser propiedad  de Buendía.
Se trata de una casona del sigo pasado, unas de las primeras casa construidas de la ciudad, por no decir la primera. Contaba con más 12 habitaciones 4 baños una cocina, algo rustica pero suficiente para proveer el apetito de sus habitantes, pero lo mejor de la casa era su imponente patio lleno de flores y plantas, que desprendía  su  olor en las mañanas de primavera.
A pesarq Buendía vivía hace muchos años  solo en esta casa no conocía todas la habitaciones de casa  al extraviar las llaves  y tampoco necesidad de visitarlas.  Una mañana quizá cansado de su situación económica, que no era la mejor,  a pesar de poseer la casa. Decidió alquilar las habitaciones, para ello puso un cartel su casa y le pregono a sus pocos amigos y conocidos, sin embargo después de un tiempo nadie mostro interesado en vivir en esa casa, ya que tenía cierta fama por las historias y de leyendas, se contaba que una fue asesinada  una mujer y que su cuerpo fue hallado en una de las habitaciones y que jamás no se supo quién era la víctima,  y que en las noches se escuchaban gritos y lamentos, cosas que Buendía nunca escucho.
Esa mañana levantó de su cama,  abrió la ventana, contemplo la vista desde su ventana saludo a su vecina la vieja Carmelina y sin desayunar se dirigió hacia  la única habitación que no conocía, la  que quedaba  al final del pasillo frio y  oscuro que atravesaba la casa, saco la llave oxidada de su bolsillo, la introdujo dentro de cerradura, la giro con dificultad y lentamente abrió la pesada puerta, entro a la habitación y cerró la puerta.

Esa fue la última vez que se vio a Buendía, con vida pues había decidido lanzarse  desde el balcón del 3 piso de su casa .