El destartalado auto color gris de Bonifacio Buendía, contrasta con los lujosos y modernos autos de la capital. Buendía un carretero que trabajaba junto a la estación del ferrocarril de su pueblo transportando cuanta mercancía podía meter en su carcacha
vieja de metal que media no más de dos metros de ancho por tres de largo,
con ruedas desgastadas que antes pertenecían a una elegante auto de algún
comerciante que dio como parte de pago
por transportar quien sabe que mercancía. Buendía había llegado alrededor de los 80, de su ciudad natal una que no
precisa mencionar ya sea por su lejanía o por el peso de los años que lo
acongojaban. Lo poco que se sabía era que venía de una tierra de praderas verdes,
extensas en donde su familia poseía una pequeña hacienda donde no había
más de 4 vacas 5 pollos un cerdo y un caballo este último siendo el regalo de
cumpleaños número 18 de Buendía esto,
afirmaban sus amigos .
La vida de Buendía no
era masque su trabajo, salía todas las mañanas de su casa en su destartalo auto
hacia la estación del tren a donde llegaban los comerciantes con su mercancía
que traían de todos lados alimentos, electrodomésticos, telas, artesanías etc.
Ganaba lo suficiente para poder sostenerse diariamente sin lujos, nunca le sobra
el dinero al contrario, muchas veces
tenía que rebuscarse la comida porque a veces a la estación no llegaban los
trenes ya sea por inconvenientes climáticos o algún que otro paro.
Atraído por las
historias de abundancia, plasmadas en las cartas de la hermana de su tía abuela, Fortunata
viuda de un reconocido médico quien antes de su muerte le dejo
heredada una casona, la cual pasaría tiempo
después a ser propiedad de Buendía.
Se trata de una casona del sigo pasado, unas de las primeras
casa construidas de la ciudad, por no decir la primera. Contaba con más 12
habitaciones 4 baños una cocina, algo rustica pero suficiente para proveer el
apetito de sus habitantes, pero lo mejor de la casa era su imponente patio
lleno de flores y plantas, que desprendía
su olor en las mañanas de
primavera.
A pesarq Buendía vivía hace muchos años solo en esta casa no conocía todas la
habitaciones de casa al extraviar las
llaves y tampoco necesidad de visitarlas. Una mañana quizá cansado de su situación
económica, que no era la mejor, a pesar
de poseer la casa. Decidió alquilar las habitaciones, para ello puso un cartel
su casa y le pregono a sus pocos amigos y conocidos, sin embargo después de un
tiempo nadie mostro interesado en vivir en esa casa, ya que tenía cierta fama
por las historias y de leyendas, se contaba que una fue asesinada una mujer y que su cuerpo fue hallado en una
de las habitaciones y que jamás no se supo quién era la víctima, y que en las noches se escuchaban gritos y lamentos,
cosas que Buendía nunca escucho.
Esa mañana levantó de su cama, abrió la ventana, contemplo la vista desde su
ventana saludo a su vecina la vieja Carmelina y sin desayunar se dirigió
hacia la única habitación que no
conocía, la que quedaba al final del pasillo frio y oscuro que atravesaba la casa, saco la llave oxidada
de su bolsillo, la introdujo dentro de cerradura, la giro con dificultad y
lentamente abrió la pesada puerta, entro a la habitación y cerró la puerta.
Esa fue la última vez que se vio a Buendía, con vida pues había decidido lanzarse desde el balcón del 3 piso de su casa .
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